Con el objetivo de reclamar el reemplazo total de las lámparas comunes por las de bajo consumo en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Rosario durante el primer semestre de 2008, Greenpeace lanzó "
Maldita Bombita", nombre que le dio a la medida.
Esta vez Greenpeace ha acertado con el nombre de su campaña: “Maldita Bombita”. Porque las que acaba de instalar en la Casa de la Cultura del gobierno de Buenos Aires presentan el peligro potencial de liberar mercurio y fósforo al ambiente de diversas maneras, como también elevar los costos del reciclado de las lámparas que van a parar a la basura.
Dicen las noticias y presentan fotos de la invasión:
Hoy por la mañana, algunos activistas ingresaron al edificio de la Casa de la Cultura del gobierno porteño, situado en Avenida de Mayo y Perú, para cambiar las 70 bombitas por lámparas bajo consumo de las arañas instaladas en el hall de entrada del edificio, ante la mirada de sorpresa de los empleados.
Con el objetivo de reclamar el reemplazo total de las lámparas comunes por las de bajo con-sumo en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Rosario durante el primer semestre de 2008, Greenpeace lanzó "Maldita Bombita", nombre que le dio a la medida.
¿Por qué los activistas de Greenpeace se ponen cascos para cambiar una bombita de luz? Es parte del show, por supuesto, como sus mamelucos anaranjados que sirven para salvar ballenas, encadenarse a los camiones que transportan material a Botina, treparse a cualquier lado para poner banderas y carteles con el logo de la ONG, o tomar la sopa a mediodía, después de sacarse el disfraz de ballena de vinilo. Siempre hay una cámara de TV atenta, y uno que otro fotógrafo contratado para documentar tantos eventos trascendentales en la historia de la estupidez humana.
En realidad, las lámparas de “bajo consumo” no han venido a descubrir el agujero del mate, porque básicamente son iguales a los viejos y espantosos tubos fluorescentes que se usan desde hace más de medio siglo. Ambos dispositivos de iluminación emplean un recubrimiento de óxido de mercurio en su pared interior, más un añadido de fósforo que se excita con la elevada corriente que corre entre sus electrodos y produce la luz. Los viejos balastos de los tubos funcionan a 50 o 60 Hz (o ciclos por segundo), por lo que la frecuencia de encendido y decaimiento del fósforo es de 50 Hz y eso produce algunos inconvenientes en talleres que usan tornos y otras máquinas rotativas y algunas veces han sido causa de accidentes menores o graves en los operarios. Se debe a que 50 Hz está muy cerca del tiempo de persistencia de la sensación en la retina (1/16 de segundo) y el tiempo de demora del fósforo para disminuir o aumentar su luminancia agrava el problema.
Las nuevas lámparas de bajo consumo son fluorescentes que tienen una forma más compacta, tienen el balasto incluido dentro de su aún voluminoso zócalo, y las más baratas siguen con su frecuencia de 50-60 Hz de encendido apagado. Las más caras y modernas –que no vienen de China, por supuesto- tienen balastos que trabajan en la frecuencia de los 2000 Hz, por lo que el problema de visión “titilante” es totalmente eliminado.
Pero poco se ha analizado el problema del mercurio y el fósforo, tanto en los viejos tubos como en las modernas “malditas bombitas” de bajo consumo. El polvillo blanco que recubre su interior es óxido de mercurio y fósforo. Resulta sorprendente y paradójico que Greenpeace haya participado muy activamente en el pasado en campañas para la eliminación y reciclado de las pilas eléctricas, y todavía lo sigue haciendo (aunque las pilas de óxido de mercurio se dejaron de fabricar desde más o menos 1987 –trate de comprar una pila de mercurio y cuénteme si la encuentra), pero no se haya percatado ni alertado acerca del peligro o los riesgos para la salud que surgen de los tubos fluorescentes que se rompen a diario en la Argentina y las lámparas de bajo consumo que patrocina en esta su nueva sospechosa campaña.
En Estados Unidos se usan las lámparas de bajo consumo desde hace años, aunque se están promocionando actualmente la tecnología LED, que no contiene mercurio o fósforo, tienen menor consumo que las fluorescentes, mejor rendimiento, menor costo y mayor duración. Pero parece que ni el gobierno ni Greenpeace se han actualizado lo suficiente como para recomendar el uso de esta nueva e innovadora tecnología en lugar de una que tiene ya más de medio siglo de antigüedad. Pero es claro que no se le pueden pedir peras al olmo.
¿Cómo son los LEDs?
Hay dos maneras de fabrica una lámpara LED (Light emitting diode, o diodos emisores de luz):
Uno de ellos mezcla múltiples longitudes de onda de diferentes LEDs para producir luz blanca, permitiendo al fabricante ajustar la luz blanca a una temperatura específica de color, en el caso de las hogareñas, a una temperatura de entre 3800 y 5000º Kelvin, mientras más alta la temperatura K, más azulada será la luz, y mientras más baja sea dará luz más cálida o rojiza).
El segundo método usa LEDs con un compuesto de Indio-Galio-Nitride (InGaN) con una capa de fósforo para crear luz blanca. Este es el método más usad para fabricar los “LED blancos”.
Hay fábricas de LEDs, como la Philips holandesa, que fabrican lámparas que cubren un amplio espectro, entre los 2700 K y los 10.000 K, es decir, entre una luz bastante rojo-amarillenta y una sumamente azulada. Recordemos que la luz solar de mediodía tiene una temperatura de entre 5.600 a 6000 K.


Los LEDs son artefactos electrónicos de estado sólido, y son ampliamente usados en todos los aparatos electrónicos, radios, grabadores, computadoras, y en multitud de objetos de uso diario, donde se ven esos puntitos luminosos indicando que un aparato está encendido.
Los LEDs convierten la energía eléctrica directamente a una luz de un solo color.
Así hay LEDs rojos, verdes, azules, amarillos, etc. Porque emplean una tecnología de generación de “luz fría”, los LEDs no gastan energía en forma de calor que no produce luz. En comparación, una bombita incandescente emite en la banda del infrarrojo (no visible) una gran porción de la energía que produce. Como resultado, tanto las incandescentes como las fluorescentes producen una gran cantidad de calor que es un desperdicio de energía.
Además de producir luz fría, los LEDs:
- Pueden ser alimentados a partir de baterías portátiles, pilas o aún un panel solar.
- Se pueden integrar a un sistema de control.
- Son de tamaño pequeño y resistentes a los golpes.
- Tienen un muy rápido tiempo de encendido (60nano segundos versus 10 milisegundos para las incandescentes, y 1 segundo o más para las fluorescentes)
- Tienen una excelente rendición de color y presentan bajo a nulo peligro de shock eléctrico porque trabajan en el rango de 5 a 12 voltios, corriente continua.
¿Estudiaron el asunto antes de la campaña?
Visto lo anterior, queda claro que no. Lo que se pretende es ahorrar energía, no es verdad? Entonces hubiesen propuestos los LEDs y no las fluorescentes que ponen en peligro la salud de los acuíferos. Si el mercurio de una pila que no se fabrica más contamina 60.000 litros de agua, ¿cuánta agua contaminan los 5 mg de mercurio que tiene cada lámpara de bajo consumo?
Dicen los diarios:
"Es necesario hacer conocer a la población que las lámparas de bajo consumo contienen una carga de 5 miligramos de mercurio y también fósforo y que ambos agentes son contaminantes y con efectos nocivos para la salud", expresó la ingeniera Graciela Gerola, de la Agencia de Protección Ambiental de Buenos Aires. En el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) descartaron que estos focos encierren algún peligro para la salud. En cambio, advirtieron, luego de analizar el funcionamiento de 544 lámparas de bajo consumo en el laboratorio de luminotécnia del Centro de Física y Metrología que la mayoría "gastan casi lo mismo que las incandescentes, iluminan poco y duran menos", sostiene el informe.
¿Que hay de cierto en estos peligros?
En Estados Unidos hay una directiva que exige que cuando una lámpara de bajo consumo se rompe en una casa, se debe avisar a la oficina de emergencias del municipio que enviará a una compañía de expertos en remoción y limpieza de los residuos. Mientras esa limpieza se realiza la casa debe ser evacuada. Luego, los expertos pasarán una factura por el científico y riesgoso trabajo de eliminar el mercurio del ambiente –que no baja de los $1000 dólares.
Cada vez que ello sucede el ahorro logrado por el uso de las “bajo consumo” se evapora y deja un agujero en la economía del hogar. ¿Alguien llama a la oficina de emergencias? Desde que la gente se “avivó”, nadie. Por otro lado, nadie se ha muerto por la rotura de una “maldita bombita”, y los acuíferos siguen proveyendo de agua potable sin problemas. De modo que podemos dejar de lado, hasta nueva evidencia, el peligro del mercurio en las “malditas bombitas”.
El asunto del ahorro de energía
Los diarios nos cuentan que:
Para alcanzar el cambio gradual el Estado le compró cinco millones de lamparitas a Cuba. El objetivo es reemplazar a largo plazo 20 millones de unidades. Pero aún queda mucho por hacer.
"La eficiencia energética es la respuesta más rápida a la demanda de energía en el actual contexto de escasez en el suministro y es el camino más eficaz para reducir las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) a la atmósfera, y así mitigar las graves consecuencias del cambio climático. Las lámparas de bajo consumo ofrecen la misma iluminación consumiendo un 75 por ciento menos de energía", dijo Rosario Espina, coordinadora de la Campaña contra el Cambio Climático de Greenpeace.
Ya vimos que las lámparas incandescentes producen mucho calor sin producir luz, y ello es un gasto inútil de energía, si lo que queremos es producir nada más que luz. Ya sea han hecho estudios sobre la comparación entre las incandescentes y las fluorescentes de bajo consumo, y los resultados son contradictorios, aunque hay una ligera ventaja en lo económico para las fluorescentes.
Veamos lo que dicen los expertos:
Un cálculo al estilo "hágalo usted mismo", sobre la base de multiplicar el valor de estas lámparas más caras (20w) por el precio del kw/h (IVA e impuestos incluidos) y el tiempo de encendido (seis horas diarias, por ejemplo), indica que sólo a partir del tercer año de uso continuo podrían ahorrarse unos centavos. Más aún: si la lámpara de bajo consumo es de las más caras del mercado (unos $ 27) la amortización del costo podría alcanzarse a los siete años.
Entre las múltiples razones que suelen esgrimirse para fundamentar el cambio, el ahorro energético aparece como el más convincente. Las normales consumen un 80% más de energía que las de bajo consumo y, sin eventualidades de por medio, duran hasta 6000 horas, contra las 900-1000 horas de una común.
Pero, aunque parece, a primera vista que hay un “ahorrito” de energía, ¿cuánta es la energía que se ahorraría? Según los datos de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), el consumo de energía en los hogares argentinos representa el 36% del total. Un 12% de esa cifra, según indicaron, corresponde a iluminación.
Buen dato. El 12% de del 36% usado en el país es igual al 4,32% de la energía usada para producir iluminación. El ahorro pretendido de las fluorescentes dicen que será de un 75%, en caso de que el 100% de las lamparitas sean cambiadas, el ahorro total de energía será del 3,24%.
Otros hablan de un ahorro bastante menor:
"El cambio de lamparita no es la solución, porque si el ahorro de la primera etapa es del 1,2% (con las 5 millones de lámparas de bajo consumo que impulsa el Gobierno) y la economía crece al 8% anual, la mejora será absorbida en menos de 60 días", consideró Hugo Allegue, de la Asociación Argentina de Luminotecnia (AADL).
Vamos todavía, muchachos del Greenpeace y de la pingüinera! Todo este show mediático y un probable negociado con las lamparitas chino-cubanas para que el próximo año el ahorro sea borrado del mapa en 60 días! El negocio del “Verde que te Quiero Verde” y la politiquería barata sigue dando pingües beneficios a los montadores del Show del Overol Naranja y lo ampulosos planes de gobierno sin pies ni cabeza.
Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fuente:
http://www.mitosyfraudes.org/Nuke/LED.html
Las lámparas fluorescentes contienen
mercurio, un metal pesado utilizado en forma de gas para producir radiación, que luego un polvo fluorescente convierte en luz visible.
Los tubos fluorescentes convencionales contienen entre 15 y 25
mg de esta sustancia,[ mientras que las lámparas de bajo consumo contienen una cantidad menor.
Con la optimización de la tecnología de las lámparas, han surgido modelos con muy baja cantidad de mercurio: la Asociación nacional de fabricantes eléctricos norteamericana (NEMA) estipula un contenido máximo de 5 mg por lámpara, aunque no todos los fabricantes cumplen con este estándar.
A pesar de la reducción del contenido de mercurio, distintas agencias de la salud recomiendan, en caso de rotura, abandonar la habitación durante 15 minutos, recoger los restos con guantes, o incluso, en caso de ser usada, cambiar la bolsa de la aspiradora. Las lámparas CFL deben reciclarse, al igual que las
pilas.
En lo referente a la liberación de mercurio al medio ambiente, hay que tener en cuenta que la generación de electricidad libera a su vez apreciables cantidades de este metal a la atmósfera.
Dado que las lámparas fluorescentes compactas consumen mucha menos energía, el efecto global a este respecto es positivo, calculándose que, en conjunto, una bombilla de bajo consumo genera hasta cuatro veces menos mercurio que una bombilla incandescente convencional.
Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A1mpara_compacta_fluorescente
Dos científicos han comenzado a hacer cálculos sobre qué pasaría si el mundo adoptase algunos de los nuevos desarrollos en cuanto al campo de fotónica y luz de estado sólido como son todas las iluminaciones LED. Según sus notas billones, millones de millones, de dólares podrían ahorrarse mundialmente.
Schubert y Jong Kyu Kim, de Rensselaer Polytechnic Institute, han hecho público un informe en el que afirman que las innovaciones en el campo de la iluminación podrían significar un ahorro de billones de dólares debido a la tremenda reducción de consumo que diferencia a las mismas de las luces tradicionales.
Las luces LED (light-emitting diodes) suplantarán a las bombillas tradicionales en los años venideros según su informe, y además es una tendencia bastante común que se suele ir comprobando en los nuevos proyectos, edificios e incluso iluminaciones navideñas.
El informe con título: “Transcending the replacement paradigm of solid-state lighting” se espera que salga publicado en la prestigiosa revista Optics Express. Según los científicos, se puede controlar cada aspecto de la luz generada por LEDs, permitiendo que las fuentes de luz sean configuradas para cualquier situación. Además las luces LED necesitan 20 veces menos energía que las bombillas tradicionales y 5 veces menos que las luces fluorescentes.
Si todo el mundo cambiase las bombillas incandescentes por bombillas LED en un periodo de 10 años, se ahorrarían 1,83 billones de dólares, además de que por ejemplo las emisiones de CO2 se verían reducidas en 10,68 gigatoneladas. El consumo de crudo se reduciría 962 millones de barriles, y finalmente las plantas de generación de luz eléctrica se verían reducidas en 280 mundialmente.
Fuente:
http://www.theinquirer.es/2008/12/22/%C2%BFpodria-salvarse-el-mundo-con-luces-led.html
El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha iniciado una campaña activa para que las bombillas de bajo consumo lleguen a los hogares españoles. Mediante un vale incluido en la factura de la luz, los consumidores pueden obtener una bombilla en su oficina de Correos. Más de 750.000 hogares tienen ya una en sus manos. Un primer paso hacia el ahorro del consumo eléctrico y la eficiencia energética, beneficioso tanto para el bolsillo como para el medio ambiente.
Sin embargo, una vez que llegan al final de su vida útil, las bombillas de bajo consumo deben tratarse adecuadamente. Su contenido en mercurio resulta altamente tóxico tanto para la salud humana como para la del planeta. "Nadie del Ministerio está haciendo esta advertencia", denuncia Leticia Baselga, responsable de residuos de
Ecologistas en Acción.
La bombilla es inocua mientras se mantenga intacta. El problema llega cuando se rompe, algo que puede ocurrir si el usuario la desecha, erróneamente, en el contenedor de vidrio o en la basura doméstica. "Al romperse, libera vapor de mercurio. Si algo caracteriza al mercurio es que es capaz de viajar muy rápido y a grandes distancias. Puede llegar al Árico. También puede caer al agua y ser ingerido por los peces que luego comemos los humanos", advierte la ecologista.
Los ecologistas dan la bienvenida a la iniciativa de Miguel Sebastián de distribuir gratuitamente bombillas fluorescentes, que permiten reducir emisiones de dióxido de carbono, pero critican el hecho de que nadie esté advirtiendo de su toxicidad y de cómo y dónde deben ser depositadas una vez gastadas.
Por ser un objeto eléctrico, estas bombillas deben ser desechadas en los Puntos Limpios. Sin embargo,
Ambilamp, la sociedad sin ánimo de lucro fundada por un grupo de fabricantes, tiene un sistema de recogida específico para estos residuos. Concretamente, Ambilamp ha dispuesto unos contenedores en los principales hipermercados con este fin. Se puede consultar por el punto de recogida más cercano en el teléfono 900 102 749.
En cualquier caso, en caso de romperse una bombilla dentro de la casa, "hay que ventilar muy bien, alejarse inmediatamente para intentar no respirar el vapor y luego tirarla en un contenedor específico", ya sea de un Punto Limpio o de Ambilamp, comenta Baselga.
Fuente:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/21/ciencia/1248171555.html
Muchos/as amigos/as objetan que el uso de lamparas de bajo consumo, fluorescentes compactas, son un riesgo para la salud por el mercurio que contienen.
Habría que contestar, es verdad, lo contienen y a la vez, recogiendo una afirmación del ecologista Barry Commoner, “No existe alimento gratuíto” es decir, que todas nuestras actividades tienen impacto.
Así que lo más conveniente es ver con detenimiento el problema.
Siguiendo
datos de la EPA norteamericana, una bombilla fluorescente tiene unos 4 mg de mercurio y varios fabricantes reducen esa cantidad a 1,4-2,5 mg. De ese mercurio solo el 14% iría a parar al aire o al agua en el caso de que la lampara se rompiera y fuera abandonada, lo que en el peor de los casos serían 0,6 mg.
Si atendemos a los datos de emisiones de mercurio de 2007, del
Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino de España, el 55% de las emisiones de mercurio proceden de la quema de carbón en las centrales eléctricas, casi 2 toneladas año, 2.000.000.000 mg es decir el equivalente a 3.333 millones de bombillas abandonadas cada año.
Debido a que han aparecido muchos comentarios y opiniones que cuestionan las lámparas de bajo consumo por su contenido de mercurio, vemos la necesidad de aclarar este aspecto tan importante.En primer lugar, una Lámpara Fluorescente Compacta (LFC) –lámpara de bajo consumo- ahorra entre un 75% y un 80% (4 a 5 veces) más de energía que una bombita común, y ofrece la misma potencia lumínica.
Si bien es cierto que las LFC tienen mercurio, la cantidad que hay en cada una es de alrededor de 2 miligramos, mil veces menos que un termómetro clínico y cien veces menos que un tubo fluorescente.
Estos datos pueden corroborarse en publicaciones del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). La utilización de lámparas de bajo consumo reduce ampliamente el impacto ambiental por el ahorro de energía que conlleva. La quema de combustibles fósiles que se lleva a cabo para generar energía emite, además de gases de efecto invernadero, mercurio. Es decir que el ahorro de energía implica también menos emisiones de mercurio al medioambiente.
El mercurio es un material peligroso y bioacumulativo en toda la cadena alimenticia, por lo cual es indispensable tomar precauciones. Todo plan de recambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo requiere de la instrumentación de un plan de recolección diferenciada, considerando a estas lámparas como residuos electrónicos.
Existen al respecto innumerables experiencias a nivel mundial que podrían servir como ejemplo.
Todos los análisis de ciclo de vida completo (desde la fabricación hasta la disposición final) demuestran un balance ambiental positivo para las LFC. En Argentina un estudio de este tipo realizado por la Facultad de Ingeniería de la UBA así lo señala también.
Greenpeace reclama la prohibición de la comercialización de lámparas incandescentes para el año 2010, no sólo por razones que hacen a la crisis energética que atraviesa el país. Debemos introducir políticas serias y de largo plazo en materia de eficiencia energética, para disminuir las emisiones de gases que provocan el calentamiento global.
El reemplazo generalizado de las bombitas incandescentes implica poder prescindir de la construcción de varias centrales de energía y así evitar el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, además de ahorrar recursos naturales no renovables.
Fuente: http://www.greenpeace.org/argentina/prensa-rss/lamparas-de-bajo-consumo-y-mer
Entrevista a Rudy Provoost, presidente y consejero delegado de la recién creada filial Philips Alumbrado
Belga, de 48 años, psicólogo y licenciado en Administración de Empresas. Ha ocupado la dirección de la división más emblemática de Philips: la de electrónica de consumo. Ahora encabeza la gran apuesta de la multinacional: el nuevo alumbrado.
Philips presentó en la feria Light+Building, inaugurada el lunes de la semana pasada en Fráncfort, una gama completa de soluciones de la nueva tecnología de luminarias conocida con el nombre de LED.
El acto fue aprovechado por la multinacional holandesa para presentar a Rudy Provoost como presidente y consejero delegado de la recién creada filial Philips Alumbrado. El ejecutivo, en una de sus primeras entrevistas en el nuevo cargo, asegura que la revolución tecnológica de la iluminación en todo el mundo es una oportunidad de negocio, pero sobre todo una gran cruzada para avanzar en la eficiencia energética y reducir las emisiones de CO2 que aceleran el cambio climático.Muchas empresas se apuntan al mensaje de que la mejor manera de combatir el efecto invernadero es lograr la eficiencia energética.
¿Qué papel juega la iluminación en este reto?
El gasto en procurarnos luz artificial supone el 19% del consumo de electricidad mundial. Philips trata de concienciar a la sociedad del potencial medioambiental y de ahorro en los costes que encierran los nuevos sistemas eficientes en alumbrado. Si se sustituyese toda la iluminación ineficaz por otra de nueva generación, el ahorro anual sería de 106.000 millones. Algo así como dejar de gastar 1.500 millones de barriles de petróleo con una consecuencia de ahorro en emisiones de CO2 de 555 millones de toneladas. Sustituir una bombilla puede ser un buen gesto ecológico, un gesto con significado para combatir el calentamiento global.
¿En qué consiste la revolución que promete la tecnología de alumbrado LED?
En la historia del alumbrado, desde que Edison inventó la lámpara incandescente, ha habido tres grandes saltos tecnológicos. El primero fue el del gran inventor al conseguir luz artificial a través de la incandescencia de un filamento. Muchos años después se pasó a la tecnología de la fluorescencia que, en su base, consiste en la combustión de un gas con un componente altamente contaminante de mercurio.La tecnología LED nace en los años sesenta del siglo pasado y se utilizó inicialmente para indicadores en equipos de electrónica de consumo. Hoy hemos logrado que sean mucho más brillantes.
¿Cuáles son sus ventajas?
Para mí los principales avances son dos. El primero, que con una mayor intensidad de luz tienen un consumo eléctrico que es un 40% inferior a los elementos de iluminación actualmente dominantes. El segundo, que se trata de una iluminación dinámica, que no sólo se enciende y se apaga. Los LED pueden cambiar de intensidad de luz a gusto del usuario y también permite variar el color de la emisión. Nos colocan ante conceptos del uso de la iluminación en los ámbitos particular, empresarial o público que hasta la fecha no podíamos ni imaginar.Con LED podemos mejorar nuestro estado de ánimo o intensificar nuestras emociones, incrementar la productividad en las empresas y reforzar la seguridad.
La planta de iluminación artificial en el mundo ¿está obsoleta?; ¿cómo marcha la migración hacia las nuevas tecnologías?
El índice de adopción de nuevos sistemas de iluminación todavía es demasiado lento. En Philips estamos trabajando para eliminar los obstáculos de diverso tipo que frenan la aceleración de la migración.
¿De qué iniciativas habla?
Hemos lanzado campañas de concienciación en ámbitos públicos y privados. Apoyamos la elaboración de una nueva legislación que, por ejemplo, incorpore la certificación de iluminación ecológica para los edificios. Apoyamos el trabajo de asociaciones no gubernamentales que nos apoyen en esta campaña verde.Nos encontramos en el principio del proceso, pero tenemos que ser moderadamente optimistas. En 2007 las ventas de nuestros productos ecológicos se han acelerado y ahora suponen el 46% de la facturación de la división dedicada al alumbrado.
¿Deben subvencionar los Estados el cambio de tecnología para el uso de iluminación de bajo consumo?
Philips tomó la iniciativa a la hora de concienciar a la sociedad sobre la importancia de utilizar soluciones de eficiencia energética. Este cambio debería tener lugar no sólo en el entorno doméstico, con una retirada progresiva de las lámparas de luz incandescente. Es necesario que cubra todos los segmentos del mercado y de la sociedad, es decir, la iluminación en las oficinas, en la hostelería, en los grandes edificios públicos y emblemáticos y, por supuesto, en las calles.Parece claro que las administraciones públicas tienen mucho trabajo por hacer en este empeño.
¿Qué nos deparará el futuro en el campo de la iluminación?
Hay que explotar todo el potencial tecnológico y ecológico de los LED. Resultan ideales para configurar escenas de iluminación sin derrochar energía. Con ellos podremos evocar estados de ánimo y crear atmósferas donde las personas se sientan más cómodas, que resulten más agradables e incluso más saludables.Las aplicaciones de luz han entrado en la revolución de la medicina. Todas nuestras ideas parten de considerar los beneficios que ofrecen al usuario final, de averiguar lo que las personas buscan en las tecnologías de iluminación para luego cubrir sus necesidades. En el terreno del cuidado de la salud, por ejemplo, nuestro concepto Ambient Experience (experiencia ambiental) se ha instalado ya en más de 50 hospitales.
Se trata de utilizar la iluminación de nueva generación para ayudar a tranquilizar a los pacientes. El primer sistema se instaló en un hospital para niños de Chicago; el fin es que los niños puedan personalizar el entorno a través del sistema de iluminación y de imágenes. Las pruebas indican que los pacientes se sienten más a gusto, con lo que los doctores pueden realizar el procedimiento de diagnóstico más fácilmente, más rápido y mejor.Ayudas de 2.500 millones en España para cambiar de luz Rudy Provoost afirma que en España existe un plan de eficiencia energética nacional denominado que se ha bautizado con el nombre de E4. Se puso en marcha en el año 2004 y permanecerá en vigor hasta 2012. Ahora se ha renovado la iniciativa con una ampliación de los objetivos para los próximos cuatro años rebautizada como E4+.
El ejecutivo dice que tanto a empresas e instituciones privadas y públicas españolas tienen previsto gastar 2.500 millones en ayudas, para adaptación de instalaciones energéticamente poco eficientes por otras más eficientes, que contribuyan al objetivo de reducir la emisiones de C02 en 238 millones de toneladas. 'En cuanto a la sensibilidad de las grandes empresas españolas, no hay duda del alto nivel de concienciación y la rápida adopción de medidas que están contribuyendo a reducir la huella ecológica', asegura Provoost.
El resumen es que
"(…) algunos expertos advirtieron a los consumidores que deberán extremar los cuidados a la hora de deshacerse de las bombillas que se hayan fundido o roto para evitar la contaminación con el mercurio venenoso que contienen. La Agencia del Medio Ambiente del Reino Unido reconoció que tanto el comercio como las autoridades tienen que hacer mayores esfuerzos para informar al público de cómo hay que reciclar ese tipo de bombillas(…) Según consejos del Ministerio británico del Medio Ambiente, si se rompe una bombilla de baja energía, hay que evacuar la habitación de personas durante un cuarto de hora como mínimo. (…) Según el toxicólogo David Ray, de la Universidad de Nottingham, citado por la BBC, una bombilla de baja energía tiene entre 6 y 8 miligramos de mercurio, cantidad que es por sí «muy pequeña». El peligro estriba en su acumulación en el cuerpo y especialmente en el cerebro por exposición repetida a ese metal (…)"
En artículo de El Mundo además de todo esto hablaron también con la delegación de Osram en España, uno de los mayores fabricantes de
bombillas de bajo consumo (lámparas fluorescentes compactas, CFL) para ver su punto de vista. Aunque dijeron que estaban esperando información más precisa desde la sede central de Alemania, afirmaron que les parecía que los datos no habían sido bien estudiados y que seguramente carecían de validez científica y que eran demasiado alarmistas.
En los últimos años se ha venido oyendo algo similar sobre los termómetros de mercurio de cristal «de toda la vida» y parece que aunque son contaminantes y
la Unión Europea va a prohibir su comercialización en base a una
nueva directiva (hacia 2010-2011) esto tiene más que ver con su efecto sobre el medio ambiente (desecho indecuado, vertidos) que con el peligro directo e instantáneo hacia las personas.
Se ha calculado que en termómetros médicos se emplean unas 25 ó 30 toneladas de mercurio al año, que de las 300 que consume la Unión Europea (que es poco menos del 10% de la demanda de 3.600 toneladas que hay en todo el mundo). Curiosamente, en cuando a las bombillas de bajo consumo, y aunque contengan algo de mercurio (unos 5 miligramos por bombilla), hay países como Australia donde serán obligatorias a partir de 2010, para reemplazar a las convencionales.
Como explica el toxicólogo de Nottigam, las cantidades de mercurio de las bombillas son demasiado pequeñas como para causar problemas en las situaciones típicas, como cuando –de forma bastante infrecuente– se rompe un termómetro en casa (o una bombilla), de modo que no queda del todo claro que las CFLs sean un peligro tan tremendo como podría deducirse de los titulares que están circulando.
En el sitio de expertos en leyendas urbanas Snopes.com, caracterizado por la calidad de su información ante «alertas de pánico social» como podría ser esta,
tratan este tema bajo exactamente la misma idea que en el artículo: «¿Es cierto que cuando se rompen las bombillas de bajo consumo (CFLs) emiten cantidades peligrosas de mercurio para los habitantes de una casa?» Las respuestas que dan a las múltiples afirmaciones son que, si bien es cierto que el mercurio es peligroso, y también que el mercurio contenido en las bombillas realmente escapa al ambiente, es falso que el mercurio de una sola bombilla sea un grave peligro ni tampoco que haya que avisar al servicio de emergencias cuando algo como una simple rotura suceda.